La crisis climática, junto con el crecimiento demográfico, la mitigación de la pobreza, la degradación del medio ambiente y la inseguridad alimentaria mundial es uno de los retos definitorios del siglo XXI. Desde los cambios en los patrones meteorológicos, que amenazan la producción de alimentos, hasta el incremento del nivel del mar, que aumenta el riesgo de inundaciones catastróficas, el impacto de la crisis climática es de alcance mundial y de una escala sin precedentes. El mundo está experimentando, inundaciones, tormentas y sequías más frecuentes, incendios forestales que causan daños al medio ambiente y a los medios de vida de las personas.
Los gases que alteran el clima, como el óxido nitroso (N2O), el dióxido de carbono (CO2) y, sobre todo, el metano (CH4), son subproductos de la ganadería lechera y de carne, y cada gas se libera en una fase distinta del sistema de producción. Por ejemplo: El metano es liberado de forma natural por las vacas a través de un proceso conocido como fermentación entérica, el óxido nitroso se genera por el almacenamiento y la gestión del estiércol y el CO2 se produce durante la fabricación y el transporte. El metano, que representa más del 45% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero de una explotación lechera, es especialmente problemático.
Debido a su composición química, el metano es extraordinariamente eficaz para atrapar el calor: en un periodo de 20 años, el potencial de calentamiento global del metano es más de 80 veces superior al del CO2. Aunque el metano se produce a partir de diversas fuentes naturales, los científicos predicen que entre el 50% y el 65% de las emisiones totales de metano son antropogénicas o están influenciadas por el hombre, de las cuales el 27% se atribuyen a la ganadería. A diferencia del CO2, que permanece en la atmósfera durante miles de años, el metano tiene una vida relativamente corta y se descompone en tan sólo 12 años. Sin embargo, a medida que aumentan las emisiones antropogénicas, aumenta la concentración de metano en la atmósfera, lo que nos acerca cada vez más al punto de inflexión de los 2ºC.
A pesar de las pruebas irrefutables de la contribución del sector ganadero al cambio climático, las empresas lácteas- aun- no están obligadas por ley a informar sobre sus emisiones de gases de efecto invernadero, en ningún país del mundo. Está claro que hay que tomar medidas para mejorar la investigación, la política y la regulación en torno a la industria láctea, en particular a medida que trabajamos para mitigar el cambio climático y la transición a una economía baja en Carbono.
Para limitar el aumento de la temperatura, los sistemas agroganaderos deben reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y trabajar por un futuro con bajas emisiones de Carbono. La buena noticia es que existen muchas oportunidades dentro del sector para limitar el cambio climático reduciendo las emisiones. Aunque hay cierta incertidumbre sobre la magnitud y el calendario de los cambios, lo cierto es que se está produciendo y actuando ahora para proteger nuestro medio ambiente, nuestra economía y nuestra cultura siempre merecerá la pena.
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